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“AMP: ADQUIRIENDO MÁS PODER”

El regreso a las clases presenciales, ante la cercanía del comienzo de un nuevo ciclo lectivo, vuelve a ser el foco de todas las miradas en la provincia. Lamentablemente, lejos está de ser por los protocolos que garanticen la seguridad de estudiantes, docentes y todo el cuerpo de trabajadoras y trabajadores que son parte del regreso a las aulas. En esta ocasión, el poder, ese mismo que obnubila a gremialistas y personajes que dicen defender la salud de los antes mencionados vuelve a posicionarse como la vedette de los días pasados y también de los venideros. Es que, en ese sentido, el trasfondo político parece ser mas importante que todo.

La constante negativa al retorno de los docentes a la presencialidad podría interpretarse como una defensa de la salud de los mismos. Sin embargo, la misma ingenuidad que implicaría ese pensamiento, inmediatamente nos llevaría a una causa mucho mas oscura, mas egoísta y que solo entiende de inescrupulosidades: perpetuarse mandato tras mandato en el poder. El oportunismo gremial, una vez más, exaspera; en un contexto de pandemia que no parece ser suficiente para detener las ambiciones de personajes como, por ejemplo, Rogelio De Leonardi, al frente de la AMP.

Y esto no significa estar a favor de un regreso enloquecido y masivo de autoridades a las aulas, sin controles ni protocolos. Lejos está de ser ese el pensamiento común de la sociedad. Sin embargo entendemos que la sobre-actuación en la defensa del personal docente no es más que un artimaña para seguir ganando adeptos, esos mismos que al momento de elegir, confirmarán nuevamente en el poder a quienes tan bien “los han defendido”. En casos como estos, difícilmente exista el equilibrio entre partes. Todos “arriman agua para su molino”. Fundamentalmente quienes se encuentran en la cima de la pirámide, decidiendo el futuro de otros tantos en pos de su supuesto bienestar. En el fondo, el único bienestar que está en juego, es el de los perpetradores del poder que usan a los docentes para sus fines insaciables de pertenecer y seguir agigantando su sed por perdurar en el tiempo y quedar en los libros de historia, aunque no sea por una gestión efectiva sino por una cantidad de años al frente de una asociación que pierde credibilidad y confianza en el resto de la gente.

La democracia, esa a la que tanto nos aferramos en tiempos en los que “el barco deambula por aguas turbulentas” también significa no perpetuarse en el poder. Son necesarios los cambios de personas al frente de los diferentes organismos. Son sanos y le devuelven a la sociedad la confianza que en muchos casos, estos mismos personajes, con su sed de poder, le quitaron.

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