El Racket Club, antes conocido como Vilas Racket, vive una sangría de socios por la crisis económica, pero sobre todo por los desmesurados aumentos de cuotas que ponen en jaque la supervivencia del emprendimiento.
Entre sus dirigentes hubo políticos como Carlos Pirovano, que durante la gestión de Mauricio Macri en la Ciudad aceptó sin problemas ser Subsecretario de Inversiones al tiempo que comandaba el Vilas. Incluso sus compañeros de gestión bajo el mando de Francisco «Pancho» Cabrera aseguran que el ahora titular del Incaa todavía conserva el 10% de la sociedad, lo que le valió una causa penal.
El Vilas Racket surgió en los ’90 como parte las controvertidas concesiones del menemismo. Carlos Grosso logró la proeza de entregar un espacio ubicado dentro del espacio verde más importante de la Ciudad.
«Si hay un lugar en la ciudad que tiene árboles, lagos y mucho verde son los Bosques de Palermo. Ahí está Racket Club, en el oasis de Buenos Aires», describe el sitio web del club.
Los clubes de tenis suelen ser espacios dominados por la tradición, pero destinados a un público familiar. Los de mayor prestigio exigen la recomendación de antiguos socios para ingresar, además del pago de una cuota de ingreso. En ese lote se cuenta el Tenis Club Argentino, que cuenta a Macri como uno de sus miembros y exige un canon de decenas de miles de dólares para ser miembro.
El Racket fue creado con la lógica inversa: un lugar para reunirse a hacer negocios y de paso jugar un rato al tenis. Pero ahora algunos clientes se quejan de que se convirtió en un comité.
«Siempre fue más de negocios y social que familiar, ahora es más exclusivo. Pero sigue siendo una grasada new rich», analizó ante LPO un ex tenista que llegó al top 50 del ATP. «Uno no se puede comer una stracciatella tranquilo sin que estén rosqueando contratos en la mesa de al lado», que quejó el ex profesional.
A pesar de sus impactantes instalaciones, la masa de socios del club viene en caída. La cuota cuesta más de medio millón de pesos y eso provocó la fuga hacia otras instituciones con valores más razonables.
El club siempre contó con la simpatía de la política porteña. Antes de dejar el gobierno, Carlos Menem firmó un boleto de compraventa: le entregaba al Vilas un terreno de 34 mil metros cuadrados por 2,7 millones de dólares, un valor 20 veces menor al real.
La venta, realizada a precio vil, originó una denuncia de la Asociación Amigos de los Lagos de Palermo que la justicia mantuvo activa por más de una década.
