La reforma laboral de Javier Milei no logró frenar la destrucción del empleo formal, que se suponía era uno de los principales objetivos del proyecto aprobado en febrero pasado. Los últimos datos oficiales muestran que la caída se profundizó desde la sanción de la ley y hasta el pase al monotributo empieza a mostrar signos preocupantes.
De acuerdo a los últimos datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), desde noviembre de 2023 hasta julio del 2026 se perdieron 265.765 puestos de trabajo formal en el sector privado, que mayormente pasaron al monotributo o a la informalidad.
Si se comparan los datos de julio contra junio, la caída de los asalariados del sector privado alcanzó los 12.716, que representa una baja del 0,2%. Julio fue el peor mes desde noviembre de 2025 y ya son 14 los meses consecutivos de caída.
«En los primeros 18 meses del gobierno de Milei se perdieron 105.646 empleos privados. En los últimos 15 meses, la destrucción se aceleró: otros 160.119 puestos de trabajo», explicó el economista Martín Barrionuevo. «Pero también cambió la dinámica territorial: provincias que inicialmente resistieron, como Corrientes y Mendoza, pasaron a registrar fuertes caídas. En total, se destruyeron 265.765 empleos privados y 22 de las 24 jurisdicciones terminaron con pérdidas», añadió el dirigente peronista correntino. Las únicas excepciones fueron Neuquén y Río Negro por Vaca Muerta.
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Especialistas del sector consultados por LPO indican que ya no es una crisis coyuntural y que los datos son muy preocupantes, sobre todo teniendo en cuenta que cuando el gobierno impulsó la reforma laboral uno de los argumentos fue que había que frenar la destrucción del empleo formal.
Si se toman los datos desde abril (después de la sanción de la ley) hasta julio, la caída de puestos formales en el sector privado fue de 28 mil. Es decir que la reforma de Milei no sólo que no creó ni un nuevo empleo formal del sector privado, tampoco frenó la merma. Hay que recordar también que Milei incluyó en la Ley Bases una mini reforma.
El principal argumento del gobierno para defenderse es que esos trabajadores pasan al monotributo o a la informalidad, es decir que perdieron derechos o aportes. Pero si se miran los últimos datos de Monotributo hay cierta ralentización en la cantidad de trabajadores nuevos: entre abril y mayo hubo 6 mil nuevos, entre mayo y junio 5 mil nuevos, pero entre junio y julio fueron 2 mil.
Esta semana, el secretario de Trabajo, Julio Cordero, fue al Congreso y dijo que hay gente que no quiere estar en blanco y prefiere facturar. «Hay personas que no quieren trabajar en relación de dependencia y prefieren ser monotributistas y tener la libertad de trabajar por cuenta propia», aseguró. «No todo el mundo quiere trabajar en relación de dependencia con las obligaciones que conlleva», agregó.
Justamente, el gobierno está ensayando un cambio de discurso y ya no habla de la creación de empleo formal sino de la libertad de elegir la modalidad de contratación, que cualquier persona sensata sabe que en realidad es una imposición para los trabajadores.
El modelo quedó descarnadamente expuesto en el caso que días atrás contó el periodista Roberto Funes Ugarte. El conocido como Robertito reveló que durante años trabajó en blanco para Telefe, pero los nuevos dueños del canal ahora lo obligaron a pasarse al monotributo, algo que hacen para no pagar cargas ni aportes patronales. El problema, contó Robertito, es que no le quieren reconocer todos los años que trabajó antes.
