Crisis interna en la ORT por la visita de Milei: repudio, pañuelos verdes y aplausos

La visita de Javier Milei a la ORT desató una guerra interna en una de las instituciones educativas más importantes de la comunidad judía argentina. Lo que había sido anunciado como una conferencia sobre ética terminó con alumnos secundarios haciendo intervenciones contra el Presidente y Milei explicando que Karl Marx era «satanista» y que el capitalismo está inscripto en los Diez Mandamientos.
La tensión atravesó toda la visita. Afuera hubo vecinos que recibieron a Milei con abucheos y protestas, en medio de un operativo extraordinario que incluyó calles cortadas, perros antibombas y francotiradores. Entre los estudiantes también hubo intervenciones performáticas: circularon imágenes y testimonios en redes de alumnos con pañuelos verdes y banderas con la consigna «Las Malvinas son argentinas».
El anfitrión del convite fue Guillermo Feldberg, actual presidente de la comisión directiva de ORT, dueño de Ineba y ex gerente del Grupo Wertheim. Fledberg espero a Milei con sanguchitos de jamón y queso con café Dolca, tal como pidió el mandatario.
La elección de los símbolos no pareció casual. El pañuelo verde confronta directamente con uno de los ejes del discurso de Milei, que cuestiona la legalización del aborto. La bandera de Malvinas, en tanto, llega después de la polémica que abrió el propio Presidente cuando cuestionó a la Scaloneta por mostrar la bandera «Las Malvinas son argentinas», luego del partido contra Inglaterra en el Mundial.
La protesta convivió, sin embargo, con otra escena. Al terminar la conferencia, numerosos estudiantes buscaron acercarse al Presidente, lo saludaron y se sacaron fotos. El propio Milei retuiteó videos de su salida de la ORT que lo mostraban ovacionado por jóvenes asomados desde las ventanas. La fractura que había aparecido entre docentes, padres y exalumnos también atravesó a los estudiantes.
El conflicto había comenzado antes. Exalumnos, profesores, trabajadores y familias hicieron circular una carta titulada «Rechazamos la presencia de Javier Milei en las escuelas ORT». Allí sostuvieron que la discusión no era ideológica sino sobre los límites que debía establecer una institución educativa frente a los discursos presidenciales.
«Una persona que difunde y defiende discursos de odio no puede de ninguna manera utilizar un espacio educativo para hacerlo», sostuvieron. La carta recordó los ataques de Milei contra periodistas, opositores, defensores de la legalización del aborto y homosexuales.
Milei ignoró el repudio y se acercó a la sede de Yatay, donde habló durante más de cuarenta minutos frente a alumnos de cuarto y quinto año. Al resto de los alumnos se les impidió circular por el edificio. La prensa no pudo ingresar y el Presidente pidió que hubiera la menor cantidad posible de adultos dentro del auditorio.
El tema formal de la conferencia era «Ética como política de Estado». Pero Milei aprovechó la visita para presentar el epílogo de su nuevo libro, «La moral como política de Estado», que bautizó: «Capitalismo, la divina maquinaria del paraíso».
«Los valores del judaísmo son determinantes en la construcción de las políticas públicas que nosotros aplicamos», comenzó Milei. Después explicó que su gobierno no cree «en el relativismo moral» y que trabaja sobre «un conjunto de valores que no son negociables».
Milei señaló que el origen intelectual del texto incluyó sus conversaciones con rabinos, pero también las charlas nocturnas con Alejandro Fantino. Contó que cuando ambos terminan de trabajar mantienen largas conversaciones «en términos filosóficos» y que de una de ellas surgió parte de la idea que terminó desarrollando ante los alumnos.

El Presidente llevó entonces el razonamiento hasta el Génesis. Definió al paraíso como un lugar de «abundancia radical» donde el hombre disponía de dotaciones infinitas y explicó que la expulsión del Edén introdujo la escasez, el esfuerzo y las limitaciones materiales.
A partir de ahí llegó a su tesis económica. «El capitalismo es el sistema que Dios preparó a través de la ley para que después de la caída el trabajo continuara», afirmó Milei. Y agregó: «No lo inventó el hombre. El hombre lo descubrió al obedecer».
Para el Presidente, las condiciones necesarias para el funcionamiento del capitalismo están contenidas directamente en los Diez Mandamientos. «Esto no es una metáfora ni una analogía, es una correspondencia estructural», dijo.
Milei sostuvo además que la libertad no constituye una construcción política de las sociedades modernas. «La libertad no es una conquista humana, es un don divino», afirmó ante los estudiantes. El razonamiento desembocó en una afirmación todavía más contundente: «El paraíso no se alcanza, se trae».
Según Milei, la prosperidad material aparece como consecuencia de la obediencia religiosa. «La prosperidad material es la consecuencia natural de la obediencia espiritual», afirmó. Y agregó que para reproducir las condiciones del paraíso en la tierra «lo que necesitamos es cumplir la ley del creador».
Después llegó Marx. «Cuando uno rechaza la ley de Dios, cuando adscribe al marxismo, el resultado no es incierto», dijo Milei. «El marxismo no es simplemente una teoría económica alternativa con errores técnicos corregibles. Es algo mucho más serio», siguió. Y entonces lanzó uno de los textuales que más impacto generó después de la charla: «Marx era satanista».
Milei sostuvo que esa conclusión surge de los textos juveniles del filósofo alemán. Para demostrarlo leyó fragmentos atribuidos a Marx y citó el libro «Marx y Satanás», del pastor rumano Richard Wurmbrand. «No es una acusación retórica, es una descripción de la cosmovisión que es la raíz del sistema», afirmó.
El Presidente sostuvo después que esa concepción produce valores «exactamente opuestos a los valores judeocristianos» y vinculó directamente el marxismo con el exterminio.
El Presidente llevó finalmente la comparación al terreno religioso. «El resultado siempre es el mismo: miseria, muerte, infierno en la tierra», dijo. «Mientras que el programa de Dios trae abundancia y armonía espiritual y material, el programa marxista es un programa satánico que en lugar de traer el paraíso te trae el infierno», afirmó Milei.
«La elección no es política, la elección es moral», agregó. Milei descartó entonces cualquier alternativa intermedia. «No hay tercer camino. No se dejen engañar, no hay tercer camino», les dijo a los estudiantes. «O eligen el bien o eligen el mal. Elegimos el bien, prosperamos. Elegimos el mal, nos hundimos», completó.
La conferencia tuvo además otro momento incómodo para las autoridades de la ORT. Cuando aparecieron abucheos contra los periodistas, Milei alentó a los alumnos a redoblarlos y pidió que fueran más fuertes porque se los iba a festejar. La escena tocó exactamente uno de los puntos que había planteado la carta de rechazo a la visita: los ataques presidenciales contra la prensa.
La pelea tiene además un protagonista de enorme peso dentro de ORT. Cuatro días antes de la llegada de Milei, Adrián Moscovich, histórico director ejecutivo de ORT Argentina, publicó en Infobae una columna que cuestionó de manera directa la lógica política del Presidente.
«Le suplicamos respeto al que piensa distinto, sea periodista, economista, gobernador o Presidente de otro país», escribió Moscovich. El exdirector reivindicó el sistema educativo que permitió el ascenso social de generaciones de inmigrantes y rechazó una concepción de la sociedad reducida a variables económicas. «Nuestros hijos» no son «parte de un stock», escribió.

La coincidencia temporal terminó de partir a la institución. El hombre que condujo durante años la ORT reclamó públicamente respeto para quienes piensan distinto y cuatro días después Milei entró a esa misma escuela, alentó abucheos contra periodistas y les explicó a adolescentes que Marx era satanista y que entre el bien y el mal «no hay tercer camino».
La carta que circuló entre exalumnos, docentes y familias agregó otro elemento particularmente sensible. Recordó que en la entrada de ORT existe una baldosa que homenajea a integrantes de la comunidad víctimas del terrorismo de Estado y cuestionó que la institución invitara a Milei después de sus posiciones sobre la dictadura.
La actual conducción quedó así en el medio de una discusión que ya excede ampliamente una visita presidencial. Un sector sostiene que la pluralidad que históricamente reivindicó ORT implica también escuchar a Milei. Otro afirma que el problema no es escuchar una posición liberal sino convertir la escuela en escenario de un discurso político que divide al mundo entre Dios y Satanás, el bien y el mal. Milei había llegado para hablar de ética. Terminó dejando a la ORT discutiendo sobre sus propios límites.




